Encontré a mi nieta de doce años haciendo la tarea encerrada en el baño, sentada en la tapa del excusado, con el cuaderno sobre las rodillas 😱😮⚠.

Encontré a mi nieta de doce años haciendo la tarea encerrada en el baño, sentada en la tapa del excusado, con el cuaderno sobre las rodillas.

No sé cuánto tiempo me quedé parada en la puerta. Tenía la mano en la perilla y no la soltaba. Emilia ni me oyó entrar.

¿Por qué una niña se va a esconder a hacer divisiones a un baño, con el seguro puesto, teniendo una mesa grande en la sala? Eso me pregunté. Y nadie en esa casa me lo quería contestar. Ni mi hijo. Ni su esposa. Ni la misma Emilia.

Emilia es una niña tranquila. De esas que saludan con un beso y dan las gracias aunque nomás les sirvas un vaso de agua.

Tres meses antes, mi hijo Miguel me había hablado para pedirme quedarse en mi casa de Coyoacán. Dijo que era mientras arreglaban unas cosas en la suya. Yo lloré de gusto. Llevaba años viendo a mi nieta nada más los domingos.

Pensé que la casa por fin iba a tener ruido de niña otra vez.